Hay objetos que se heredan por valor monetario y otros que se traspasan por valor vivencial. Una camisa resistente, tejida con ciencia y paciencia, pertenece a la segunda especie. El algodón congelado de Tiich envejece sin aflojar la trama, de modo que, tras años de uso, conserva la dignidad necesaria para cambiar de dueño: un hijo que estrena su primer empleo, un amigo que parte a otra ciudad. El desgaste se vuelve mapa de experiencias compartidas—una mancha tenue de tinta durante aquella firma crucial, una ligera abrasión donde colgó la cámara en aquel viaje. Transferirla equivale a regalar una bitácora textil que sigue escribiéndose, recordándonos que la moda más valiosa no se compra: se custodia y se comparte.
June,
10
2025
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